Dueña y señora que divinas mieles
derramas en mi frente, boca, ojos;
alcaldesa que abate los cerrojos
para que escapen mis palomas fieles.
Gobernanta de todos mis pinceles;
ama de llaves para mis antojos;
enfermera paciente en los enojos;
duquesa que hace rosas de las hieles.
En mi ajedrez, la Dama que conquista,
amazona con arco o cazadora
buscando presa con la blanda vista.
Soberana de ayer, mañana, ahora;
y, sin nada que estorbe ni resista,
emperatriz de un alma que te adora.
RAFAEL SIMARRO -Ciudad Real-
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