miércoles, 25 de junio de 2014

KASSIDA III

Quién besa los labios de esta diosa
indolente, ya nunca más puede huir
de la seducción de sus encantos.”
JOAQUÍN ROMERO MURUBE (A “Sevilla)
             
Alfanje de plata
la luna de Ixbilia,
lúbrica se estremece y en el Guadalquivir
descuartiza mis deseos imposibles,
mis lejanos recuerdos que se van a la deriva
buscando un mar de tristezas.

Ya aquel Palacio es sólo un espejismo,
un éxtasis de barca,
una ilusión flotando en las marismas
que a Villafranca se lleva en la corriente
con mis lamentos presos en sus yedras.

 Mi cuerpo, Villafranca, aquel Palacio…
divagan buscando tu áurea perdida,
y como las gaviotas  del Estrecho se alzan
a un cielo más luminoso
pretendiendo los salinos heliotropos que giran
en las astadas dunas, y liberan nuestro besos
de una mazmorra plagada de múrices y espinos,
de sérpulas que en Montiel
apuñalarían de mi pecho,
derramando su tiempo sangre en mi erial
que la primavera  vestía de amapolas
mientras mi vista se nublaba en el recuerdo
de aquel Palacio lejano, lejano y prohibido
donde las auroras eran más limpias
y más intenso nuestro amor.

En un blanco y alado corcel te seguiré buscando,
persiguiéndote en el cielo
como Isis al Sol, sin encontrarte.

Del libro “KÁSIDAS DEL REY DON PEDRO A MARÍA PADILLA EN SU PALACIO” de JESÚS TRONCOSO -Ronda-
1º Premio, V Certamen de Poesía Searus, 1982

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