martes, 17 de junio de 2014

KASSIDA I


-Alcazar de Sevilla. 1362- (Un año después de la muerte de su reina amante)

El Alcázar de Sevilla,
y a sus palmeras
volaron mis recuerdos como alondras
buscando un refugio junto al cielo,
y a sus nubes cargadas de tristeza
escalaron aquellas emociones
que hicieron palpitar mi corazón
con la veloz carrera de un ciervo enamorado.
       
 Hacia el Sur –en Villafranca–, ahora exámine,
tuvimos un Palacio hoy cubierto de ceniza,
donde las palomas yacen asfixiadas
y los nenúfares se han dormido para siempre
bajo el espejo donde un día se miraron nuestros ojos,
donde un día nuestros ojos se miraron
queriendo detener el tiempo
que cristalino nos vibraba
en un reloj musical de surtidores,
y donde cada otoño hojas tributarias
inundaron de caolín las alamedas
con un tapiz de oro crujiente
que cubrió la alveriza timidez de unas huellas
que juntos paso a paso marcamos,
y que hoja a hoja, luna a luna,
bajo la sombra de una pálida cripta
se fueron desdibujando.

Con el viento se fueron una noche
las doncellas que teñían las violas,
los juglares y sus trovas de Provenza,
los bufones vestidos de escarlata,
los zéjeles que te hablaban del amado,
y las adelfas ya no se visten de novia
porque enlutadas en la ribera
anhelan aquella Dama de Castilla
que en la torre florecía cada tarde
con sus linos flotantes en la brisa
como femenina bandera de amorosas dimensiones.

Del libro “KÁSIDAS DEL REY DON PEDRO A MARÍA PADILLA EN SU PALACIO” de JESÚS TRONCOSO -Ronda-
1º Premio, V Certamen de Poesía Searus, 1982

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