Nací encorvado,
el peso de la ausencia de dinero,
y el hambre de siglos
me llevó a percibir la presbicia
en el ojo ajeno
y a conocer el hambre que entra por la puerta.
Aprendí de los que no tenían tres teléfonos en casa
ama de llaves,
limpiadora y una habitación de juguetes individual.
Por eso, el peso de un alfiler
esconde mundos que no llevan a ninguna parte
y hacen encorvar mi indignación
recalentada durante siglos.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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