Han tendido mi cuerpo
en la costumbre de cenar
y de pronto soy un rompecabezas
por el viento que ruge
y vive contando hilos,
agujas y telas.
Me han inquietado unos pasos,
unos dedos sin uñas,
unas palmas secas
que son el verso a verso
de mis días.
Sexo en una bocanada,
oxígeno de curvas mullidas
y manos hábiles
que ahogan.
Amante, ¿Para qué me atas?
si hasta la limosna huye
porque no es asunto de dar
ni recibir,
es la necesidad de amarte
y decirte adiós
justo en la frontera,
en el punto cardinal
donde la muerte aguarda,
donde voy al suelo
que es lo único que me anhela.
Emilia del Valle Marcano Quijada -Venezuela-
Publicado en la revista Palabras Diversas 47
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