A uno –aunque no lo sepan-
le corresponde el otro;
se completan,
dependen entre sí.
Son siempre dos,
siempre…
Hasta que un instante
sin saber bien por qué
dejan de serlo,
se rompe la previsibilidad,
se eclipsa el tiempo
y de golpe la el día
ya nunca, pero nunca,
más amanece …
Leandro Murciego
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