domingo, 8 de junio de 2014

CONTINENCIA


La brisa del anochecer
llega cargada de silencio,
el resplandor estremecido
enmudece las palabras
por mis tramos perdidos,
y cuando te deletreo,
el silencio se convierte
en el punto de extrañeza,
propagando la nostalgia
por esta luz prescrita,
convertida en el olvido
de un amor que desdice,
sucede el desconcierto
y solo lo colma el vacío.

En el aire quedaron
los suspiros del amor,
y la luz que sustentaba
la pericia de los anhelos,
porque el amor es ciego,
camina melancólico
entre sueños ignorados,
tropieza con la sombra
y se agita entre palabras,
no concibe la utopía
y se ahoga en silencio,
y tras los cielos grises
preciosos recuerdos,
y después solo ceniza.

Ricardo Miñana

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