Suave femenina
ordeñas la luz de la tarde
sujeta a la serpiente del llanto,
mejilla de epílogo esplendoroso
cara a cara
último centímetro sangrante.
Dormida en el plumaje de la niebla
eres lluvia desde la mañana
por los cipreses
bramidos primaverales.
En torno a tu pecho
yo
perfil de un latido,
junto al latido
manantial de frío y viento.
La tarde deriva
Vulnerable tu ingle,
los márgenes se asoman ceñudos,
me crezco ,
hechizo de aroma visible.
Claro el día, mi sed fin del cielo
sombrea las fachadas,
pericia plena
tus subyugados medios días
arrullados a mi agobio.
Un temblor como cuchillas
simula tus manos
cobra el recuerdo de la sierra
bajo tu rostro
labra tu pelo a raudales
hasta llegar al río
donde asciende con colmillos
el húmedo sol celeste.
Aparta hacía la nuca
luceros y caracolas
escalofrío de sangre y el mío.
Bailarinas plateadas del valle
desnudad con los dientes
los susurros cansados de la calma,
suelo de los compases,
cuello de las violetas.
Apretújala y despiértala
con la brisa mojada.
Toda vela contra el viento
apaga la música
contra las manos cansadas,
arrogante tierra frente al mar,
beso de golpes en el pensamiento.
García de Garss
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