al barrio lo agarró desprevenido
tres locos de luna
de hace treinta años
le dieron en la base
pisaron la vereda en pura dinamita no toda humedecida
apuntaron en la noche del abasto
revocaron la mole irrespetuosa
borrachos que no han comido vidrio
un tiro al hombro los hizo como sabios
mecha que habían guardado en el bolsillo
estruendo sorprendente en los cimientos
nadie se enteró de nada
nadie se quiso hacer cargo de esa noche
los locos que no comen vidrio
sólo tienen un resto de bala entre sus cosas
algún testigo bienvenido
una ondulante certeza que resiste
Del libro "Algo de la historia de ésta historia" de Amalia Pérez -Argentina-
Publicado en la revista Estación Quilmes
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