(Carta)
Hermano mío, amor mío:
me urge sobremanera asociar el rencor
con mi historia pública.
"Yo también tengo por qué odiar a esta familia de fieras
disfrazadas como querubines -podré decir luego-,
yo también soy la víctima
rendida en holocausto a su comodidad:
clases sociales, magmas frías, croquis de panteras
reales o imaginarias,
vuestros laberintos dorados son hoy teatros para cazar pena,
enfermedad inconfesable con cuyos síntomas os abrigáis."
Pero la noche es la ocasión mejor
para estos planes microscópicos.
El día es una buena película antigua
preñada de moralejas,
de extraños que se reconocen mutuamente
y regañan en clave,
en cifras asaz aglomeradas sobre la blanca mano tímida.
En nuestra vieja casa de Chelsea
no había vergüenza que resistiera toda una tarde en mi cuarto
(sobre todo después de haber abierto el gas):
sin oradar la tradición puedo ser incisiva
y la muerte en medio de la paz temporal
es un botín relativamente ostentable.
La salida del cinismo dura poco sin volverse macabra:
el alma de siervo, la cobardía
todo ayuda.
Diríase: hace tantos años que no somos verdaderamente señores!
Mañana, envejecidos ya y apáticos...
Roque Dalton -El Salvador-
Publicado en la revista Fuego del Sur
Velarde y el pregón de la feria de 1976
Hace 20 horas
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