viernes, 2 de junio de 2017

MADRES FUERA DEL FESTEJO


 I

Capital y comercio se enriquecen.
La algarabía y la pasión se crecen.
Abundan pasteles, perfumes y sortijas.
Es la fiesta de inimaginables baratijas.
Restaurantes ofertan exquisitos platos.
Manjares exclusivos y también baratos.
Es la oferta y la demanda con olor a flores
Es la competencia pregonando amores.
Es ¡el Día de la Madre! Y, hay que regalar.
Los hijos y las hijas corren a comprar.

Pareciera que nada falta para ser feliz.
Es el día del perdón y hasta del desliz.
Quienes tienen dinero, todo lo degustan.
Quienes no lo tienen, se disgustan.
Es la carrera de la compra por demás.
Nadie, se supone, debe quedarse atrás.
El hijo que jamás pregunta por su madre.
Este día siente que de amor su pecho arde.
Pide a alguien que por ahí le compre algo.
Y... ¡cumple! Lo manda por encargo.

En los centros comerciales de primera.
Todo es color y olor a flor de primavera.
Aroma de manjares y añejados vinos,
cantan en platos y copas con sus trinos.
También los restaurantes de segunda,
ofertan al festejo, su gran fiesta fecunda.
Y, hasta las comiderías de tercera,
participan, gozosas, de la gran quimera.
No se diga más, porque nunca acabaría.
Y, no quiero amargar a usted, la algarabía.

 II

Es que, las madres se dividen en sectores.
En pocas abundan económicos valores.
Algunas, con su fuerza de trabajo dignas viven.
Muchas con pavorosa miseria sobreviven.
Muchísimas de pavor y hambre mueren.
Con violento machismo familiar las hieren.
No pocas sólo sirven como proveedoras
y, jamás, reciben trato de dignas señoras.
Los frutos de su vientre sólo las visitan,
cuando de su amor y recursos necesitan.

No todas las madres hoy recibirán amor.
Mucho más de una vieja sufre de pavor,
cuando su otoñal cuerpo a nadie importa.
Y, haber parido hijo ingrato, no soporta.
Abandonada en la casa, la calle, el portal,
disimula el miedo de morir en hospital.
La excluida del sistema y la migrante,
la que triste hoy, ayer fue madre amante.
No recibirán abrazos y besos de cariño.
La crueldad, lacera, su corazón de armiño.

 III

Señoras y señores, pido su perdón.
Por cambiar del discurso la cuestión.
Pero, aunque el Día de la Madre, me guste.
No puedo dejar que también me asuste.
Que se haga de tan sagrada vocación.
Sólo un rato de la irracional sin razón.
Un efímero instante que a hurtadías
festeja un amor que es de todos los días.
Como de todas las madres, debe ser, sin diferencia.
Me disculpan ¡Éso me dicta la conciencia!

Aura Violeta Aldana Saraccini -Nicaragua-

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