Noviembre
Y tú
tan lejos,
ausente de estos labios
que silencian tanta espera.
Esquivo de las manos
que acuñaran tu mañana;
distante de mis ojos
que te sirvan de remanso.
Lejos. Tan lejos,
sin una piel que ponerte,
sin mí,
en este frío noviembre.
Diciembre
Le pido al viento que me lleve suavemente.
Aquí no quiero estar.
No puedo ver el sol y tengo frío.
No encuentro
una razón en la impávida almohada.
Nada tengo.
... Será que te perdí
antes de tenerte.
Enero
Se clava la luz última de la tarde en el agua,
este agua impúdica que pasea sigilosa
los despojos de los álamos desnudos del camino.
Sabe que ahora es tarde
y llora en silencio ahogado,
un corazón de fantoche
que un día se anegó con las manos enlazadas
en este canal sin vida.
Y viene la brisa a vestirlo de nostalgia
y a reírse como loca.
Y la tarde le habla de amor y juventud
sin saber que tantos gemidos de rosas caídas
le borraron los sentidos.
Y el puente de piedra, que lo ignora,
deja pasar como una vena ensanchada,
la sangre caliente del mañana.
Se clava ya, la última luz de la tarde;
y ni siquiera rompe éste espejo
de sueños y sollozos encubiertos.
Y es enero, y sé que ahora es tarde,
y que tienes mis lágrimas
para seguir tu camino.
Febrero
Un tragaluz se me fragmenta en el alma,
otra mirada se me desgarra en los ojos,
esta ventana abierta en mi lamento
mientras la tarde gris se borda de calma.
Fragancia de las lilas acontece y se derrama,
quedo se viste el cielo de añil y rojo,
a la derecha el Zumbel, mientras tanto,
de verdes lunares vestido, cual traje de gitana.
Casi dudo si atardece o es el alba;
ya confundo si río o son sollozos.
El invierno escala marzo y se abre paso
con puñal febril, talándome la llaga.
Rocío Biedma (Jaén)
Publicado en la revista Aldaba 32
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