Tan pronto Eva llegó al aparcamiento, su impaciencia no le permitió esperar el ascensor y subió los pocos escalones hasta el hall del edificio. Allí le esperaba un grupo de compañeros de la "Asociación Literaria Itimad". Aquella mañana había avisado que, precisamente, ese día tenía cita con el médico y probablemente llegaría tarde. No podía faltar a su palabra, hacía un par de semanas que se había ofrecido para dar una charla sobre la superstición. Afortunadamente llegó a tiempo. Ocupó su asiento en la mesa presidencial junto a otros compañeros.
-Buenas tardes, a todos los aquí reunidos y gracias por su asistencia. Antes de comenzar mi charla quiero preguntar si alguien de vosotros es supersticioso. Por ejemplo: Si a algunas de las señoras aquí presentes se le rompe un espejo, ¿pensaría que tendrá siete años de mala suerte? Estoy segura que…, después de colgarse el bolso, ya se le habrá olvidado el percance.
La superstición es un sentimiento atávico que constituye una parte antigua de la naturaleza humana. No nos avergoncemos si guardamos en algún sitio una patita de conejo (algo muy popular entre los americanos) o cualquier otro talismán para que nos dé buena suerte. Ser supersticioso, no es patrimonio de la incultura.
Existieron personajes como Napoleón, que temía a los gatos negros, Enrique VIII aseguraba que la brujería le había hecho casarse con Ana Bolena, Sócrates creía en el "mal de ojo", Pedro el Grande experimentaba un pánico patológico cuando cruzaba un puente.
El "mal de ojo" se encuentra en todas las culturas. En la actualidad, la superstición impide a muchas personas viajar en martes y trece o pasar por debajo de una escalera. El verdadero origen de esta superstición, nada tiene que ver con la precaución de que te caiga un cascote encima. Una escalera apoyada en la pared forma un triángulo, figura considerada desde mucho tiempo por la cristiandad como expresión más común de la Trinidad. Por ejemplo: otras religiones o creencias las consideraban sagradas. Las tumbas piramidales de los faraones egipcios se basaron en planos triangulares. De hecho, pasar una persona corriente a través de una entrada triangular, equivalía a desafiar un espacio santificado.
Se podría hacer un estudio exhaustivo sobre este tema, pero no quiero aburrirles más; todos sabemos como se pone el tráfico a estas horas y, aunque no soy nada supersticiosa, "toco madera" para llegar a mi casa sin ningún percance.
Buenas noches, y gracias por venir.
Dorka Cervantes. (Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 32
No hay comentarios:
Publicar un comentario