Plegarme a los deseos
sucumbir hurtada de mí
olvidar el todo de mi esencia
dejar en manos ajenas
la inviolabilidad del alma
ser mero receptáculo sin contenido propio
en ofrenda incruenta expuesta a la nada.
Triste destino, encrucijada mortal para el espíritu
que se deshace sesgado por el verdugo tenaz
tiempo y memoria, presente y pasado
ser o dejarse hacer
caer aplastada por la pasividad externa.
El volcán ruge con furia atronadora
y el tiempo se alarga incólume
dejando pasar las horas baldías
Maica Bermejo Miranda
Publicado en Acantilados de papel
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