A veces, quienes tenemos al lado nos golpean
con una rabia
de impaciencia por nuestra muerte,
quieren arrastrarnos al vacío, cerrar nuestra tumba, apartarnos,
nos reprochan que existamos,
nos condenan, nos acusan,
nos llenan de remordimientos porque somos lo que somos,
porque estamos vivos, porque no desaparecemos,
porque no renunciamos a todo,
porque no se lo damos todo,
hay quienes miran su reloj con sed de inmensidad,
ansiosos de liberarse de su cárcel
y en el angustioso y hostil avance de sus agujas,
solo ven el temblor de una llama, la mía,
mi hálito, mi luz, mi afán de sobrevivir, de crecer, de extenderme
porque sienten que les estoy robando
la vida con la que vivo
y el tiempo que llevo en el mundo,
dicen que los atormento, que los hago sufrir, que los maltrato,
que no debo estar en paz
únicamente porque no atajo mi rumbo y dejo
la Tierra entera para ellos,
no hay sitio en sus almas para los seres humanos,
solo aman las frías cosas, no dan valor
a lo frágil y desnudo, a lo pequeño y fútil
porque no soportan la muerte
y con egoísmo infantil, exigen de los otros un trato especial
sin recompensarlo con nada,
dejan en mi corazón la inquietud y la amargura
de quien no cumple su deber en la vida, del alma inmunda que roba,
aun siendo ellos quienes me roban y anulan y martirizan
bajo la coacción de una deuda de sufrimiento y gratitud
que no tiene límites,
aseguran que me quieren pero ese posible amor
no es como el tuyo
porque tú me aceptas y nunca quieres que sufra
por ser como soy.
Luis Rafael García Lorente
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