La niña de la fotografía
que envejeció con ella y ahora le sobrevive
va vestida con delantal bordado,
parece una una muchachita anhelante
y enigmática de un cuento de Chéjov.
La luz le viene de lo alto danzante y le hace sombras
en la mirada oscura.
Allí donde aun la soledad no tiene nombres ni rupturas.
Está ligeramente volcada hacia adelante,
el cuerpo de mimbre claroscuro en el arrobo del instante capturado.
Ella es libre,
libre por estar recién casada
pero aun no aprendió esos papeles todavía.
Tiene los labios hinchados como quien ha besado largamente
y ahora representa su rol convencional.
Esa sonrisa perece decir que es bien amada y digna,
hacia abajo las manos cortas y fuertes con uñas al ras,
esas blandas manos secas
y en el medio la linea de la vida
Tan marcado todo por venas azuladas,tan azuladas...
Hay allí flores,
niños,animales,responsabilidad,solicitud,debilidad
y alguna vez ternura.
Pero siempre el deber y el abandono.
Las fotos se hacen a si mismas
mientras les falta lo que pasa y queda de una vida.
Esa oscura mitad fundamental.
Después por un resquicio vemos sonrisas
que el tiempo ya ha borrado.
Señales y miradas,
imposibles de devolver.
A mi madre : Maria Antonia Yensina
HÉCTOR BERENGUER (Rosario-Santa Fe-Argentina)
Publicado en la revista Gaceta Virtual 105
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