Eran las seis en punto
dentro de un corazón dormido
Y al suspiro invisible
de una melodía que agoniza.
Lloraron de amarga pena
seis cuerdas de guitarra.
Por el camino empedrado de la amargura.
Baja. la carreta de los gitanos
tirada por un par de caballos negros
que llevan la muerte sobre su lomo
Angustia en sus herraduras.
y su alma rota en llanto.
Desde su balcón abierto,
La noche chilla
Atravesando el corazón
del ultimo sol que permanecía quieto.
el río se desangra
Por las heridas de sus corrientes.
Y las estrellas tienen clavadas en el alma
puñales de afilada madrugada.
El cielo vomita amapolas,
que al caer.
¡rompen. en dos el suelo!.
Y el poeta muerto
tiene un ramo de azucenas blancas
creciendo dentro de su cuerpo.
Eran las seis en punto,
en un silencio en donde no duerme nadie.
No. ya no duerme nadie.
La luna nueva,
quedo caminando sonámbula
Abrazada a su poeta.
Y el sol sobre la fragua
derramo su ultima gota de de sangre.
Y Ya no duerme nadie.
Eran las seis en punto cuando se paro de golpe,
el corazón de la madrugada.
Y la alegría se hundió en un mar de luto
En la Habana,Nueva york,Madrid y Granada.
Eran las seis en punto.
cuando el tambor de acero
hizo resonar tras un monte su melodía, triste melodía de fuego.
Su eco retumbo tras los montes
en donde crecen bosques de espesos lamentos.
Y el silencio, que no podía dormir
quedó para siempre con sus velas encendidas.
viviendo en los ojos fijos de aquel muerto.
¡Federico quedó despierto!
Y ya no duerme nadie.
Nadie
Nadie
¡¡Nadie!!.
Debora Pol.
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