domingo, 9 de agosto de 2015

REFLEJO DEL ALMA...


Tu ausencia devora mis sentidos, en la distancia te puedo ver, aunque etérea, casi mágica, irreconocible, cambiante, convocante… como una puesta de Sol.
Busco mis raíces, un sentido, un rumbo, una verdad. Tanta soledad, tanta urgencia, tanta noche, tanto insomnio que desespera…, esperando…¿qué?, o …¿a quién?
Si me encierro en esta cárcel virtual de los pensamientos, ¿podré encontrar algo?
Y de repente…, un faro, una señal en medio de tanta oscuridad, un oasis en medio del desierto: tu mirada; limpia, fresca y pura. Esos ojos en los que se refleja mi alma. Esos faroles ávidos de ciencia, conmovedores, contagiantes…
¡Cómo quisiera retornar a mis años juveniles!. Entusiasmarme tanto como entusiasmarte. Envolverte sin consumirte. Cuidarte sin contaminarte. Acompañarte sin obsesionarme en tu ausencia. Escucharte hasta en mis silencios. Predicar pureza en medio de tanto instinto devorador de la conciencia más fuerte.
Y esa sonrisa…, que ilumina, refresca, purifica; que envuelve los sentidos y los despierta de un sueño tan largo como asfixiante.
¿Cómo traspasar la frontera que limita mis ansias de tu existencia?, cómo sortear mi pasado y arrastrarme hasta una ilusión que será cuestionada por nuestra conciencia: por la edad( que nos separa…, o une?) y por la ley humana y divina.
¿Por qué callar? ¿Por qué ocultar?. Me conformaría, que alguna vez se dieran cuenta, que yo también siento, que deseo, que necesito afecto, consideración y reconocimiento. Es la ley del dar y del recibir…Ser valorado me alimenta, me dá fuerzas para seguir.
¡Cuántas veces tuve que acallar pensamientos de amor, ahogarlos en ciencia, en horas de trabajo y meditación!, y no poder compartirlos por temor al “qué dirán”, por los prejuicios, por las apariencias…
Recordándote alivio este sufrimiento existencial, tanta soledad reprimida…y sueño: y en él, te abrazo, te beso…y aunque luego me despierte y todo vuelva a ser como siempre: una rutina.
Amor de mi vida, acércate, alégrame la vida; con tu calidez, tu suavidad; con esa sonrisa infinita. Y con esa sed de dar y mi disposición absoluta de recibir…

Jorge Daniel Pérez -Argentina-

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