Es como una sirena que se enrosca en los sueños.
Es como una sonrisa
que del viento y del agua
huyó sobre la arena.
Es olor que marchita
con su color de muerto
las campanas gastadas,
destellos escuchados por los sepultureros.
Huele a divinidad
y azota los espacios de las bocas ausentes,
los médanos vacíos
(las luces estiradas por la espera).
El llanto tira horas a relojes oscuros
guardados para todos en los lentos caminos
como heridas colgadas de la estrella,
como el mar al inicio de viejos marineros
y ropas en desuso que no aman.
Cruzando las fronteras del cielo y de la noche,
las estrellas se alargan en su cuerpo.
Es como una sirena
que se enrosca en los sueños,
es como una palabra que siempre te recuerda,
es como una sirena
que no es rosa y no canta.
MIGUEL ÁNGEL NÁTER -Puerto Rico-
Publicado en la revista Letras Salvajes 18
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