viernes, 7 de agosto de 2015

HIJOS DE LA HERIDA


A mi querida Bolivia

El idioma, las costumbres, los cielos, los paisajes, los rasgos raciales
desde el altiplano a los valles y a los llanos
son restos de identidades que no se pueden borrar ni escoger
que vienen dadas.

Porque no es posible renunciar a la herencia y a la historia
aunque las aborrezcamos
aunque sepamos que toda identidad
es una identidad perdida y falseada.

Pero con el paso del tiempo todo cambia, evoluciona, se combina.
Somos hijos del presente, que es un sueño
y de los tiempos que nos precedieron
y que otros también soñaron.

Somos hijos del maíz y del trigo
de la chicha y el vino
de la mita, y del brillo del oro y de la plata.
Somos hijos de la historia y de la voluntad para forjarla.

Hijos de madres santas y madres putas
de padres poetas y padres asesinos
del dios Sol y de los barcos del Renacimiento
que trajeron la cruz y la espada.

Hijos de los gozos y de las sombras
de la luz y la oscuridad
del amor y la violación
del azar, de la vida y de la muerte.

Hijos de los sacrificios humanos
tanto como de las hogueras de la Inquisición.
Hijos de la herida sangrante de una identidad mestiza
donde florecen la kantuta, el patujú y la amancaya.

Alberto López

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