domingo, 9 de agosto de 2015

ESTE DOMINGO ENTREMESES VARIADOS (FRÍOS Y CALIENTES)... Y PROSA.


Ahora es muy sencillo gastar bromas; existen medios fantásticos para imitar, para controlar, para observar a la víctima y para convencerla de que lo que está presenciando es la pura verdad.
En mis tiempos, es decir, en los años sesenta, cuando yo era adolescente, gastar una buena broma era algo más complicado, no existía internet, ni información, ni medios para imitar.
Yo fui un maestro, gasté un par de bromas que creo que no han sido superadas por ninguno de los medios y, efectivamente, contando con la oportunidad del momento y las circunstancias.
Contaré primero la realizada a un miembro de mi familia, por ser más personal y de más risa.
Tendría yo entre trece y catorce años y en aquellos tiempos, la televisión era en blanco y negro y quien tenía una máquina de escribir de aquellas negras de teclas saltonas, tenía el mundo a sus pies.
Tenía yo una tia-abuela, solterona, algo corta de entender, que había trabajado en la Fábrica de Armas de Toledo, hoy desaparecida, llevándose, durante unas pruebas de cartuchos, medio dedo meñique por delante.
Mi tía-abuela, llamada Josefa y a la que, a todas luces evidente, llamábamos tía Pepa, era ciertamente ludópata, solía comprar productos que prometían premios extraordianrios si juntabas las tres piezas de unos cartones en los que constaba, en cada uno de ellos, una tercera parte de un coche. Tardó mucho tiempo y tuvo que llenar la casa del detergente que lo ofertaba hasta que se percató de que uno de los tres cartones no salía nunca.
Pero quiero hablar de uno de sus vicios en particular y era jugar a las quinielas, eran los tiempos en los que salía un único acertante y su rostro podía verse en todos los limitados medios de comunicación que había disponibles.

Las quinielas se recogían en cada población en un local, dependencia ó administración habilitado al efecto y en los que, los trabajadores, eran considerados casi funcionarios. Allí se comprobaban todos los boletos y se mandaban los nombres de los acertantes de 14, 13 y 12 resultados a la central, a Madrid.
Como quiera que, en el boleto pedían los datos personales, mi tía Pepa, ponía en su boleto Josefina B. C., al objeto de que, cuando fuera la única poseedora de una quiniela de 14 resultados, en la prensa, su nombre figurara como Josefina y no como Josefa.
Continuará...

Julio G. del Río -Valencia-

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