—Ella dijo: allí la naturaleza es venerada, respetada, nos sentimos enlazados, pensamos en la unidad con ella; así la vivimos.
Tiembla la tierra, el mar arrasa, el poema se conforma, se teje, porque en el hambre y la sed y la pobreza, el poema continúa.
—Ella dijo: hay una puerta o un biombo que separa su palabra de mi boca,
la puerta está cerrada, el biombo está abierto, desplegado, y allá su voz y aquí mi lamento, al ver en las garras la tiza que dibuja el círculo.
La puerta está cerrada, el biombo abierto,
y yo a bocanadas trato de respirar,
de ver en la pantalla lo que dejó la ola,
el caballo yendo a galope de monstruo.
—Ella dijo que perdió a su amigo, que dejó mensaje, que lo recuerda sin lágrimas.
Mira la luna, la luna crece como el mundo.
Y yo digo: ¿qué mundo,
ese de caparazón de miel, tan nada y también dios?
LILIANA PONCE -Argentina-
Compartido por Rolando Revagliatti
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