Érase cierta pastora
que tenía cien ovejas,
portaba grandes orejas
y se creia gran señora.
Era hija de una mora
y de un pobre subnormal,
ya sé que suena fatal,
mis palabras harán mella,
mas peor lo hicieron ellas
cuando murió el carcamal.
Ocurrió que madre é hija,
siempre quisieron ser putas,
mas eran las dos muy brutas,
sin nadie que las corrija.
Activaron la clavija,
reformando el feo establo,
ya veréis de lo que hablo,
en bello local de alterne,
sabiendo lo que se cierne,
si eres un pobre diablo.
Transformaron dicho establo
en un bar color añil,
que lo hizo un albañil
al que llamaban don Pablo.
Este local del que hablo,
fue llenado con ovejas,
a las que dieron parejas,
en la barra americana,
lo crees si te da la gana,
no voy a admitirte quejas.
Pienso que ha de molar,
ver a una oveja en acción,
haciendo una felación,
sin detenerse a balar.
Todo esto sin hablar
del asunto zoofílico,
que es para algunos idílico;
funcionó este asunto vil,
hasta que Guardia Civil,
lo transformó en necrofílico.
Julio G. del Río -Valencia-
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