sábado, 2 de mayo de 2015
UN GENIO LLAMADO EUGENIO
Hoy estuve en la cava y me acorde de ti, Eugenio. Entreví tu menuda figura, rabiosa de elegancia y señorío cerca de donde me contaste que había estado el Monte Pirolo, el lugar en el que tantas veces ibas con tu borriquillo a rebuscar algo de comer para tu hermano de cuatro patas, que eso es lo que era para ti ese borriquillo con el que tantos paseos diste desde el muelle de la sal hasta la Encarnación, sus angarillas tan repletas de melones como tu cabeza de sueños. Ése con el que caminaste junto con tu padre hasta Rociana para traer unas pesetas de sudor con sabor a uva. No hubo suerte, porque cuando llegásteis ya había vencido la vendimia y no había tajo para vosotros, pero nadie puede quitarte de la mente el recuerdo de aquél sustancioso camino, en el que el hambre huyó por unos días de vuestro lado gracias a las uvas y a las brevas que requisabas para los tres de las fincas aledañas a aquél tórrido camino que requemaba hasta las pezuñas de tu burrito.
Un camino de poesía en el que te permitiste guirnaldas de pámpanos para su cuello y laureles para tu frente de poeta en ciernes, aunque en ese momento fuera todo un sueño.
Ese asno de menta y caramelo que reencontraste en Platero para hacerte uno con Juan Ramón y recrearlo en tu tiernísimo "Juan Ramón Platero y yo"
Un sueño. Entonces era sólo un sueño, porque, ¿cómo ibas a imaginar siquiera, siendo un gitano analfabeto y sin medios, que terminarías siendo poeta?
Sin embargo, para el que lo lleva dentro, no hay nada imposible. Treinta y tantos años tenías cuando empezaste a pelearte con las letras, y aunque tuvieras faltas de ortografía hasta en los bolsillos, como siempre comentabas, fuiste capaz de ser admitido, tras el correspondiente examen preceptivo en aquella época en que casi contabas cincuenta, en la Sociedad General de Autores para que tus letras flamencas se pasearan por las mejores gargantas, hasta el punto de que Serranito, Arcángel, La Tobala, José de la Tomasa, Manuel Molina, "El Chocolate" y un largo etcétera celebraran la exactitud de tus acentos y la profundidad de tus sentencias, algunas de ellas recogidas en aquél primer
"Versos y cantares" con el que te estrenaste en el mundo editorial.
Hasta quince obras vieron la luz, y muchas más dormían en tus anaqueles el sueño de los justos. Seguro que a San Juan Evangelista, Patrón de los impresores va a caerle trabajo contigo, Eugenio, tú insiste, sin agobiar, que eso sabías hacerlo bien, hasta que te publique, una a una, todas las obras que te llevaste a la gloria.
Mientras, déjanos que aquí disfrutemos con las que nos has dejado, con ese estilo tan personal, con esa exquisita gracia trianera que te caracterizaba. Déjanos que te recordemos como lo hace hoy este amigo con el que tanta empatía tuviste. Como lo hizo Triana y el flamenco -afortunadamente mientras vivías- en un Teatro Lope de Vega que se llenó para homenajear tu arte. Como lo estamos haciendo hoy aquí, en esta Aldaba tan sevillana como tú mismo, aunque nacieras por accidente, como remarcabas siempre, en tierras malagueñas.
Una sevillanía de la que te encargaste de dejar constancia en "Sevilla es poesía" y, sobre todo, en tu ejemplaridad de gitano cabal. En tu exquisita caballerosidad y en tu bonhomía de bien que hicieron coincidir "Un genio" con Eugenio. Un genio que también tenía su genio, aunque pocas veces lo mostrara; Eugenio Carrasco: El perlo de Triana.
Agustín Pérez González (Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 24
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