domingo, 24 de mayo de 2015

TRAS LA TORMENTA


En un martes cualquiera,
de camino hacia
mi segundo trabajo,
las nubes amenazan tormenta.

Esperando que el tránsito,
me permita llegar a tiempo,
avanzo entre la lluvia
y a unos metros te percibo,
en el guardafangos de una camioneta.

Me lanzo a la tormenta
tras tus labios de sirena,
con el cuerpo a la deriva
y mis sueños como vela.

Y después de mucho navegar,
consigo vislumbrar
el esbozo de tus crestas.

Con tus ojos como faros,
alcanzo a encallar
en la orilla de tus piernas.

Me atrevo a imaginar
tus caderas como sendas,
que conducen sin dudar
al edén en esta tierra.

Alevosía dejarme soñar,
cuando tú no pretendías
sacarme de esta penumbra
y mucho menos de mi miseria.

Tendría que haberlo sabido
desde un principio;
al fin y al cabo
tan solo eras una sirena.

ERIC URÍAS

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