1975
(Crónica de mi mismo)
Los vestigios de tantos difuntos en la sombra,
mi España, la España en una sombra tan profunda,
de cara a la sombra del sol, la que no se nombra,
el nombre de la luz en sombras, de eso que abunda.
En pactos de silencio, sombra que se renombra,
el parque en las sombras de las sombras, que redunda
en cuerpos vestidos y desnudos, sobre alfombra
de unos besos escondidos, para que no cunda
el pánico de amor, efervescencia de vida,
en el canto de sexo de la verdad tendida,
sueños de futuro, en una paz misteriosa.
Delirios en la agonía de era gloriosa,
el roce de la piel, que no seguirá perdida,
la sonata interminable, ya, al fin, dormida.
Julio G. del Río -Valencia-
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