domingo, 24 de mayo de 2015

SOLO SOMOS NÚMEROS CONTABILIZADOS


          Vivimos unos tiempos donde los españoles hemos llegado a ser encasillados en lo que podemos clasificar como la identidad más humillante que puede sufrir el ser humano en el siglo XXI.  Algo contra nuestra propia voluntad, pues el Poder de los poderes nos ha clasificado con el “valor” de simples números para votar el simulacro de una democracia oligárquica, plusvalía para los poderes económicos dueños y señores  del capitalismo salvaje, avaricia desmedida que asola la tierra. Todo, nada más que ayer tras la caída de El Muro, aquella ilusión que dominaba el ambiente con la subida al cielo de aquel ínclito dictador suspendido de las salves de nuestra única Santa Iglesia regente del  cielo y tierra, ésta empezó a nublarse.
          Tras aquella alegría de la salida de tan larga noche de piedra, todo se convirtió en un clamor rebosante de esperanzas y sueños. Pensar libremente dejó de ser un delito por lo que en principio fuimos considerados ciudadanos y ciudadanas, que unidos formamos esa palabra de identidad tan necesaria en una democracia llamada ciudadanía. Pero fue transcurriendo el tiempo e ideas y  palabras, empujadas por la mediocridad,  vulgaridad y la sumisión de los políticos profesionalizados iniciada desde la izquierda nominal, tomó el vergonzante camino hacia la desmemoria, los apaños y la corrupción, esa que siempre fue exclusivo coto protegido por la justicia divina  a los poderes fácticos y devotos incontaminados.
          Derruido El Muro, aunque lo que había detrás no era envidiable, por otro lado fue competitivo enemigo. Entonces con mostrenca descarada corrupción, desmemoria y manipulación, se fueron borrando  palabras como ciudadanía, compañerismo, hermandad, humanismo, ética, para dar pasos atrás hasta convertirnos en alienados súbditos  al servicio del poder coronado de los bancos  poderosos amos de Don Dinero. Fueron concientes que una vez eliminada dicha frontera ya de ruinosa  y poco  envidiable, se coronaron como los únicos poderes establecidos en esto que todavía ellos con sus servidores y los alienados, pregonan como democracia, pero que ya no es  aquella frase de Churchill “La democracia es lo menos malo”. pues lo que significó el estalinismo solo se puede comparar con quien ha sufrido una piedra en el riñón, aunque todavía los de fe de carbonero ponen como ejemplos los restos que quedan del estercolero revolucionario, voceros de malos aprendices de lo que un día fue una esperanza para los proletarios que olían a universo.
          Así,  hasta que la socialdemocracia ha ido desmoronándose de tal manera que, dominada por la mediocridad y “demócratas de todo la vida, que ya empiezan a airear la chaqueta que guardaban el armario por si las cosas “vuelven a su cauce”, actualmente domina todo el panorama. Por eso, este capitalismo salvaje que las nuevas generaciones nunca pudieron imaginar,   los viejos roqueros no hemos sido sorprendidos,  incluso y advertimos del falso  El Dorado del consumo, que tras la sonrisa de los bancos es solo condena a galera hipotecaria, gracias a la mediocridad más vulgar y servil conocida en la historia de las dos España. De manera que, españolitos que ya estáis en el mundo, así como los que están por venir, una de las dos España  es la que ahora repartirá el bacalao para helaros  no solo el corazón sino también el estomago con úlcera de hipoteca y el precio de la mano de obra más barato que en el Mato. Malos tiempos dolidos súbditos, pues a la vez que apretarse el cinturón y  colocáis un cartelito en el parabrisas del coche y en el balcón del pisito con el “se vende” antes de que me echen, deberías ir tomando conciencia  que para dejar de ser súbditos de nuevo nos tenemos que apretar las metáforas y llamarle al pan pan y al vino vino. Porque la cosa está muy negra dicen los blancos y  los negros en cambió creen “que la cosa está muy blanca”
          El decorado ofrece un serio y bien compuesto drama, donde las comparsas secundarias, quiero decir los súbditos, se convertirán en verdaderos protagonistas del Oscar de la miseria. La caridad abrirá sus puertas ofreciendo un plato de lenteja y carne enlatada resto de las reservas de guerras y un Padre nuestro. Y la sociedad continuará ofreciendo bancos de mármol y bancos de piedras, mientras el camino de la lucha por la vida nos devuelve al inolvidable Pío Baroja, que por cierto, sólo fue un revolucionario de la novela moderna narrando las cosas como eran y me temo que no podremos evitar que vuelvan a ser realidad. No olvidemos que España es país de conversos.

Francisco Vélez Nieto

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