Tengo una casa de estrellas
allá donde se licua el infinito,
una casa nebulosa inexistente
para acoger el espejismo de un delirio.
Tengo un sueño de eternidad clavado
que me lacera con hoz interrogante,
un anhelo que estalla en soles
para perderse entre partículas de olvido.
Soy voz,
soy viento,
soy agua…
Apenas una brizna de vacío,
un ápice de nada que palpita
enclaustrado en un paréntesis de vida.
Del libro Sangre de nómada de
Inmaculada Calderón -Sevilla-
Publicado en Luz Cultural
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