Muchachas de la aldea provocadas por los uniformes
(aman dos a Mariana)
sangre, humo, detonaciones en el heno
(Mariana se dejaba –¡Oh!– se dejaba galantear)
los chechenes, los caballos y los gritos
(bruscos pudor o altanería)
Uno agoniza
otro retorna a entrañables
nevadas y silenciosas calles de Moscú.
Del libro Leo y escribo de ROLANDO RAVAGLIATTI -Argentina-
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