jueves, 28 de mayo de 2015

LLAMADO DE ÁNIMO


Cuando se me perdió el ánimo tuve que recurrir a las viejas. Llegaron en calma, aunque yo hubiera querido que corrieran. Dijeron que mi ánimo venía volando, que lo esperara con la comida que me gusta, haciendo una ruma de cosas favoritas, con suficiente agua, con el cuerpo relajado en una postura cómoda; que oyera una música nueva, que bailara coreografías conocidas y me pidieron paciencia, porque venía regresando un poco lento mi ánimo. Dijeron que venciera la angustia y la desconfianza, me pidieron que recordara que solo estaba perdido, que no se había marchado, solo estaba un poco demorado. Que me quedara quieta y atenta, dijeron, que abriera los oídos, que levantara la vista, que cerrara la boca. Quemaron yerbas, anudaron paños, abrieron ventanas. Lo llamaron por mi nombre tintineando campanillas para ayudarlo a encontrar el rumbo. Volvió pequeño y tembloroso mi ánimo, casi invisible, apenas un puntito negro con alas minúsculas, agitándose cerca del techo. De no ser por las atentas miradas de las viejas (Que miran atentas porque ya no corren, porque ya van en calma) yo lo habría pasado por alto. Ellas lo atraparon para mí; lo amasaron, lo limpiaron, lo envolvieron, y lo repusieron en mi pecho para que volviera a disolverse entre mi carne.

Calia Andrade -Chile-
Publicado en Suplemento de Realidades y Ficciones 63

No hay comentarios:

Publicar un comentario