martes, 5 de mayo de 2015

LAS PALABRAS / AURORAS DE SURREALISMO


LAS PALABRAS

Ellas nacieron
de la crueldad de la voz,
el eco sacio su cabello
con agua,
una vida en la imaginación
tubo huerto y edén.

Largos sueños fueron
en la marea del designio,
lo que es azul sin nube.
Lo fascinante que puede
ser el ocio,
el café dulce
y la leche
del conocimiento
naciendo
en la madera de la palabra.

¿Qué altas oficinas de sol
y lluvia donde el ocaso
llamo a las con aguja
y agonía?

Sedas de las causas,
vestidos de las voces,
ríos sin piedras
donde el azul se hizo mundo
con huida transparente.

La palabra está en togas
y labios de orillas,
la palabra verde y vertical,
la suma que fue
índice de letra.
Promedios de hambre
y hastío
son el menester del Arcano.

Lo que nos sostiene
mayúsculos invisibles,
ser en las vidas, marzo de palabra.
Si lo soñado nos trae
esa última joroba de la suspicacia.

La sed de ser, vastedad de dialogo,
como decir usted
o como decir yo.
Al confín le damos linaje de palabra
así como lo infinito lo creado.

AURORAS DE SURREALISMO

Auroras de surrealismo.
Cada día, el ecosistema de la acción.
El equinoccio del instante,
donde somos motores monitoreados como ejes verticales en la luz.

Desde aquí con ejercito de aire.
La locura con misas y misiles,
mezas y risas,
amores en la copa del viernes.

!Donde ya no puedo regresar a mi ebriedad!.

!Se que soy sincero con el cabello que se fue!
El sin fin, que solo fue, alga inasible en la mar gris de la cabeza.
No tuve otra opción a tu futuro relente,
vela de mis ayeres,
te hecho en mi ser, de-menos.

He estado trabajando en el olvido, solo que tu luna
ya no rueda en la oscuridad.

No saber, es estar aquí,
existiendo.
Veo los billetes de claridad en manos del viento.
El sol toma un paso,
donde me siento en las nubes.

Lo después es un horario de sal, el hambre sin estomago
no fue mi culpa,
la aurora
y la imagen del arroz dispersa
en las semanas de la memoria. Carbohidrato pensativo.

Pero desperté en la hora del heraldo, no hubo mensajes,
solo el café olía a antaño.

Y la rosa de la belleza en espina de fotografía
tenia un siglo de colores.
Verde y azul, en la eucaristía de los vivos.
Pero, ahí, no estaba el total antónimo de la sed saciada.


Belén Aguilar Salas -Costa Rica-

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