Estremece el pensamiento
volcado en el aliciente del recuerdo
con sabor a rancio y agridulce.
Entreverado en las costillas,
los recuerdos adheridos, tan pegados a ellas
que adicción y adicta a ellos me debo.
Adiestrada a lo largo del tiempo
como doma de caballo o perro…
Aditivo diario en huecos y lapsus
vacíos de este presente tan frío
se comunica con los nervios
de pies a cabeza.
En adivinación oculta el corazón
siempre juega a ser duende
de espíritu travieso.
Alteración y desorden organiza
en todo mi cuerpo cuando a golpes
de recuerdos te trae a mí
memoria y al presente.
Organillo de noche y farolas,
dulce cielo estrellado
y luna burlona en un desierto imaginario
lleno de dunas de flores y amapolas.
Soledad para ti y para mi, ya no es hora…
Esqueletos de besos flotantes en un baile
burlón de labios mortecinos,
apagados, sin vigor que, entonan
canciones de otrora y
aéreos silbidos entre la hilera
de sus negros dientes.
…Maldito corazón duende,
entreabre las puertas del recuerdo,
al trasluz te veo…
Son instantes pasajeros,
te tuve y ahora te retengo
en él solo recuerdo…
Lola Wizner
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