sábado, 23 de mayo de 2015
ESCRIBÍA
El Retiro, gloria de gorriones y estatuas. Una rural prolongación ordenada de flores y jardines. Me fui abriendo como la primavera. Me estacioné en la lectura de Neruda y Lorca, clandestinos en las cuestas de Moyano.
La Puerta del Sol, bajo el reloj de Nochevieja. Allí estaba algo de Zalamea, de Castuela, del Valle y chacho ¿Cómo estás?
Fueron los cines mis paraísos preferidos. Después serían reuniones de alevines del arte y el martirio de versos juveniles que nos leíamos los unos a los otros. Fui cogiendo nuevas ramas del saber: Historia, Antropología y sobre todo fascinado por saber el principio del Universo.
Tenía borbotones, manantiales internos, inexpresivos entonces, ante mi corto oficio en estas lides. Se propagó. Todo en verso florecía y al menos escribía tres poemas cada día, como obligado oficio hacia mi mismo.
Manuel García Centeno (Paracuellos del Jarama, Madrid)
Publicado en la revista Aldaba 24
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