A mi madre
Hoy me duele más la tierra
y la cicatriz ha vuelto a abrirse en mi costado,
cruel marca que dejara la guadaña
en traicionero tajo al caudal que nos unía.
Se quebró la cálida acogida del útero,
perdí el refugio fiel de tus entrañas
ya por siempre clausuradas,
se fue el uróboros arrastrando en su partida
la quimera de perdidos paraísos
guardados en la mar de tu mirada.
Siete inviernos ya el alma a la intemperie,
sabiéndote en el viento y en las sombras,
en lo efímero de la flor y en la eternidad del aire,
buscándote en mi sangre y mi latido.
Eres ya libre esencia entre las olas,
pura luz en la sinfonía del tiempo,
pero yo añoro el barro de tus manos,
y la carne mortal de tu regazo tibio.
Del libro Sangre de nómada de
INMACULADA CALDERÓN -Sevilla-
Publicado en Luz Cultural
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