Había invertido mucho tiempo y esfuerzo para ascender en una carrera llena de obstáculos y traiciones. La política era un juego peligroso donde la estrategia debía ser cuidadosamente ejecutada. Las ambiciones particulares se enfrentaban en cualquier foro o congreso, conscientes de que todo lugar era decisivo y determinante. Alfredo sabía que en su situación no podía permitirse ningún error. Cualquier declaración, opinión o manifestación podía estropear años de duro trabajo y sacrificio. Había aprendido a manejar la ambigüedad como nadie, a esquivar las decisiones, a callar sus verdaderos propósitos y a utilizar a las personas sin escrúpulo alguno. Su objetivo estaba claro desde el principio de su carrera. Por eso nadie se explica que aquel día la arruinara cuando, tras haber sido nominado como candidato y subir al estrado enaltecido por su Presidente, al dirigirse a los numerosos militantes, que seguían aplaudiéndole, se viera poseído, por primera vez en su vida, por el deseo irrefrenable de decir solo la verdad.
ISIDORO IRROCA
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