La tempestad es ajena a las alturas.
En forma de vapor se alzó y vagó el espacio transformado
en nubes; negras y cuajadas; diría el poeta—es lluvia con
ansias de caer.
El rayo, el trueno, son ajenos a la ira de algún Dios.
Solitarios se desenvuelven los ocasos, hasta perderse
en irremediable disolución. Y a cada ojo le toca lo suyo, obscuridad.
Nunca se sabe quién prefiera perder el momento,
a cambio de la eternidad.
De la propaganda nace el Mito. Mas hasta el Mito se pierde y nos
postramos frente a la imagen, ¿esperanzados? ¿Pero de qué realidad?
Me diera la gloria que tan sólo anhelo, la mirada piadosa de los ojos
esquivos. Y quedo en la nada, con mis sueños errabundos y las manos vacías.
Cada quién encierra bajo llave el sentimiento y da al mendigo el saco ajado,
los zapatos descocidos y el mendrugo fuerte hediondo a chicha.
Del gran baile el pobre no percibe sino el tufillo.
Al través de la ventana veo pasar la vida, que no es mía, pero es de Dios
Crímenes atroces, atracos feroces y ultrajes a las vírgenes.
Las letras, desinfectadas como joyas; al valor las apuesto.
Después de Wood stock, sobre los pelados prados, desolación y basura.
Mas, estupefactos los Políticos, vieron brotar las flores blancas,
en todas las Ciudades.
Del libro TROCITOS DE ELLA EN MÍ de
OMÍLCAR CRUZ RESTREPO -Colombia-
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