"Bendito pueblo de mi infancia, pleno de luz a la sombra de tu castillo. Ayer vi cómo la lluvia te llevaba aguas rojas tras la tormenta de verano; a tus cristalinos carámbanos que se hacían añicos bajo mis pies infantiles; también escuché la algarabía y las canciones de hombres que empellaban al mismo son de las mujeres bruñidoras que hacían preciosos encajes en botijos, los que hombres alfareros habían realizado con sus plásticas manos.
Ayer escuché también al maestro dando la lección, la tabla de multiplicar en voces infantiles, la conjugación de los verbos... y el crotereo ruidoso de la cigüeña en la torre de la iglesia. Sentí tus calles, antaño empedradas, las pulcras fachadas de tus casas, el atrio, la fuente de la plaza, la ermita, ... y todo se derramaba en un bello paisaje de encinas, castaños, higuerales y parras. Bendito pueblo de mi infancia, que olías a pan, a barro, a uva, a vino y matanza. En tu cielo de atmósfera limpia vuela la cigüeña ¡Qué suerte tiene en vivir en tan magnífica atalaya!"
Paulina Sanjuán Navarrete (Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 24
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