La música cesa,
si te arrojan al cuello un pedazo de escarcha,
si las heridas son promiscuos infiernos,
si el estómago encogido es como una cara llena de peces.
La música cesa,
si escurridizo, el amor gotea en el polvo cuando el barro toma la palabra,
si exploramos las raíces de la armonía y encontramos migajas de pavimento,
si las cordilleras se esconden bajo violentos sollozos.
La música cesa,
si no suena el ruido esclavo de tu eco porque una tela de araña te encoge el corazón,
si hay días en los que parece que las paredes de tu vida despiertan, se estiran, bostezan y recuerdan que tu orgullo era infinito e irrompible,
si calzas medallas que te recuerdan que a veces hay alguien que despierta triste.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
No hay comentarios:
Publicar un comentario