miércoles, 20 de noviembre de 2013

LA SORDERA


Un cura, con muy profunda sordera,
en la puerta de su templo ostentaba
cargada de brevas gordas una higuera,
que las mozas del pueblo, frecuentaba.
Para darle disimulo a su sordera...
Rumiaba, mientras se aproximaba,
en su adentro, pensó de esta manera:
Las niñas dirán: ¡ Padre muy buenas.!
Yo contestaré: Así las tengan ustedes.
Llegado, dicen: Brevas gordas y buenas.
Seguro dice él: ¡ Así las tengan ustedes.!

José Sala -Barcelona-

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