El juego de seducción nunca acaba.
La retórica traduce la eterna serenidad de la noche.
Las grietas de unos labios fugaces escuecen como un sueño desesperado.
Ayer besé tu piel, decías.
Cosquillas como ventanas abiertas eran tus labios.
Y me dije mientras acariciaba tu nombre escrito en la pared,
es cierta y serena, la hermosura.
Cuando abriste los ojos, toda tú crujías.
te abrazabas en sueños.
El juego de seducción no agota la felicidad que ensancha el alma.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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