Las ruinas son las almas de los muertos
que se negaron a emprender la huida.
Quedó su antigua majestad dormida,
y hoy nos hablan sus ámbitos desiertos.
En la piedra tallada están despiertos
idea, sueño, regocijo, herida,
que tejieron la urdimbre de la vida,
palpitante aun en tiempos tan inciertos.
Tantas ruinas poseen más belleza
que en sus etapas de épica grandeza
si se ven con los ojos de la mente.
No las reconstruyáis; sean testigo
de que ni el tiempo, acérrimo enemigo,
logró enturbiar su hechizo transparente.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Ángeles-
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