miércoles, 20 de noviembre de 2013

MIS PIES NO SON DE CRISTAL, PRIMAVERA.


Ningún lugar es nuestro
aunque yazcamos como si fuéramos algo definitivo,
pertenecemos a una sangría de colores
a un sabotaje,
a una revolución demasiado extraña,
al nuevo infierno
que enflaquece la aorta de los años.

Delincuentes de lo común sin más arte que la tormenta,
almacenamos horizontes de banda ancha
que se deshacen con sólo tocarlos,
pirateamos anémonas, la luz del domingo,
los besos largos y el mar.

Mis catedrales de azúcar
siguen predicando los silencios que te peinan
aquellos que nunca se atreverían a saltarse
el riguroso régimen de visitas,
y en habitaciones baratas
con la lengua enmoquetada
y la estufa tosiendo sus pulmones,
pregonan un amor de miseria bendecida.

Mis pies no son de cristal, primavera,
pero no puedo quejarme,
mis libros lloran por debajo de las ingles,
se emborrachan de noche y azufre,
me prestan paisajes de latón,
negros lagos, alacranes como flores,
y lagunas heridas de sexo y desafíos.

No te me vayas a asustar, primavera,
que todo cuanto digo es tontería hecha de esparto
con muchas cruces en la frente
y una sola cuneta donde dormir los sueños.

Del Libro No hubo apenas mar en el desnudo abierto de tus ojos de Marián Raméntol Serratosa -Barcelona-
Publicado en la Biblioteca

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