Te estaba esperando impaciente
porque añoraba el verdor de los campos,
el revuelo de las golondrinas,
el crotoreo de las cigüeñas.
Te esperaba para desterrar
el frío de mis huesos cansados
y gozar con el perfume
de las rosas de mi jardín.
Te esperaba para sentir mi sangre
recorrer mi cuerpo con una fuerza
renovada capaz de derribar
todas las heladas barreras.
Tu llegada devolvía vida,
enterraba los malos augurios,
descubría los colores ocultos
y alejaba la soledad de las calles.
Como una de esas flores nacidas
a tu amparo aparecí en este mundo
y cuando regresas cada año
me siento nacer de nuevo.
Decir que eres bella
es decir poco porque eres
mucho más: colores, olores,
música, algarabía, vida.
JOSÉ LUIS RUBIO
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