(Soliloquio brevísimo dicho a cámara de adulto, hombre o mujer con vestuario normal, mientras quien sea se desmaquilla de leve maquillaje y se despoja de posibles y cotidianos accesorios, para luego hacer pesas en tanto sigue diciendo, sin desplazarse, con una pequeña pesa en cada mano -arriba y abajo y arriba…- y en espacio cerrado. Intenciones, recursos de la voz, mímicas y corporalidades en general dependerán de lo que se dice, de lo que expresa la verbalidad.)
Físicamente no hay cómo redimirse con autenticidad de la vejez. Lo único, de verdad, en el ámbito de los enmascaramientos físicos es de plano no mirarse en los espejos, ni en los inmensos ni en los diminutos; pero los espejos de adentro, espejos fieles-infieles son indestructibles. Es allí donde uno se redime o no de la vejez. Allí donde uno sabe sí tiene aún algo adentro o ya no tiene nada. Una imagen de juventud. Una ilusión de juventud. Una vocación de juventud. Una decisión de juventud. ¿Patéticas? ¿Patéticos reflejos de espejos? Allí con sentido del cumplir o no. De donde no rendirse nunca ante el desamor, el odio o las deslealtades, ante las traiciones, las ausencias o las carencias, ante el desánimo, la edad o la inercia; y sobre todo no rendirse hoy, en cualquier caso, ya habrá tiempo de rendirse mañana, ¡sí!, solo que mañana siempre será hoy. Y entonces, el amor que todo lo puede, no dudarlo, no dudarlo, incluso que puede la inmortalidad en la repercusión creadora de sus acciones más fervorosas, entonces el amor será presente.
Tal y como hoy es presente, un presente con su pasado y su mañana. Cierto, físicamente no hay cómo redimirse con autenticidad de la vejez. Es de lucidez.Lo único, de verdad, en el ámbito de los enmascaramientos físicos es de plano no mirarse en los espejos.La lucidez es superior a la lógica, a menos que la lógica se sustente en, y desde, la lucidez. (Pausa.) El amor no es un equipaje de espejos ni uno de espuma; late de razones y sentimientos, de emociones, de tanto peso. Llevo toda mi vida haciendo campaña por el amor. Y, sí, ha sido y es muy esforzado. Y ha valido y vale los esfuerzos. Cuidado, en la corriente no se pueden confundir los clamores e invocaciones de justicia personal con los de ego. El borde de un puente no es el mismo borde que el de un precipicio. Y lo que se dice debe materializarse en lo que se hace. Todo sin la destrucción de las formalidades necesarias para mejores interacciones, y es que la ausencia de formas cinceladas destruye los fondos aún cuando sean fondos de amor. Hay que desterrar las desestructuras de enojos y susceptibilidades, de los malos humores y de los rencores, del enlistar negativo y de las presencias tan nocivas y tan interferentes del pasado, Hay que defender y rememorar y suscribir las formas con fondos: de la gratitud, el reconocimiento y acaso las disculpas. Hay que reivindicar las caricias y las coincidencias de las maravillas. En cuanto a la histeria… (Pausa.) La histeria es de los espejos y más que desenfreno o demencia, es desesperación e impotencia. En último caso y antes, sin masoquismos y responsabilidad, a tiempo, antes darse dos bofetadas y centrarse para entregar y entregarse. Que no nos singularice la histeria. Que no nos venza. Que seamos vencedores de los espejos, vencedores de nosotros mismos para ofrendarnos.
Del libro Espuma de luces de FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES
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