Tengo el consuelo de tallar
con letras anhelos, pintar
un retrato de una presunta
sonrisa que pretenden ser
alivio a la melancolía de no
verte, semilla viva confiada
de palparte, tocar tus labios
distantes en la piel del viento,
besarte los suspiros mirando
la tarde.
Traigo colores en mis letras,
intentando pintar sombras
cortejándose en el nido
de las ilusiones, abrazando
sus picardías con inocencia
y descubriendo el paisaje
que ocultaba el misterio,
hermoso arco iris provocado
por la lluvia de dos amantes
mojándose en los sueños
y secándose bajo el sol
de los versos.
Tengo en una mano la pluma
que escribe lo que se pretende,
en la otra el borrador de lo que
se puede, la dicha de escribir
contra la ingratitud de lo que
se vive, enamorarse de la luna
sin poder acariciarla, mirarla
sin poder besarla, desearla
y solo imaginarla, bendita
dicha que solo acaricia.
Traigo tus labios tatuados
en mis pensamientos, los
besos que nos debemos
sobreviviendo en mis versos,
las caricias impacientes
deslizándose como gotas
en el pétalo de tu cuerpo,
la inspiración enloquecida
pretendiendo ser llama bajo
el agua del intento, el amor
intenso abrazando tu espalda
mientras oyes en la brisa mis
palabras de consuelo.
Tengo versos en mis labios
esperándote, traigo deseos
intranquilos añorándote,
rayos en la mirada capaces
de desnudarte, dedos delicados
con punta de diamante y un alma
reverdecida presta para ser tu
huerto, tengo el beso húmedo
que soñaste, el abrazo cálido
que esperaste y el gemido
libre dormido en tu silencio.
Luis Emilio Tigüilá Robles -Guatemala-
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