sábado, 29 de septiembre de 2018

MIEDO, UNA NOVELA CORTA DE STEFAN ZWEIG


Han transcurrido ocho años de ese matrimonio donde no han faltado las amistades con los de su clase: teatros, óperas, exposiciones, fiestas. Y es cuando la señora percibe que todo eso, está bien, pero cansa, está vacío y aburrido.

Se agradece en esta asfixiante canícula cargada de temperaturas excesivas, entregarse plácidamente a la lectura este nuevo regalo de Acantilado, que resulta ser la novela corta Miedo de Stefan Zweig, traducida por Roberto Bravo Varga. Una historia que cuenta la agradable y acomodada vida de la señora Irene Wagner junto a su marido, abogado de alto prestigio y dos hijos, que para más comodidad de su burguesa existencia los cuida una institutriz.

Han transcurrido ocho años de matrimonio, donde no han faltado las mejores amistades con los de su clase: teatros, óperas, exposiciones, fiestas. Y es cuando la señora percibe que todo eso, está bien, pero cansa, está vacío y aburrido, siempre lo mismo por lo  que siente na necesidad de un capítulo distinto para su vida. Y el deseo de ese cambio totalmente diferente que llene su vacío, la lleva a sentir una atracción súbita por un joven pianista de vida muy romántica que disfruta cierta popularidad. Se inician soñadores contactos, el descubrimiento de una forma de vivir diferente, sin las  banalidades rutinarias propias de su aburguesado estado social. Entonces, los deseos se convierten en realidad hasta la más enfebrecida intimidad de espalda a su vida familiar.

Mas un día, tras el gozo de la aventura amorosa, cuando sale de la casa de su amante, una joven la aborda y muy directamente le expone que, la aventura amorosa de su doble vida mantenerla en secreto tiene un precio: el chantaje. Ella accede. Y cuando ya medita desde la altura de  su clase social entiende que este chantaje puede tener continuidad. Un miedo tenso se va apoderando de ella, medita entre las exigencias del chantaje o contarlo todo a su marido, estado anímico bajo un suplicio lleno de interrogantes envuelto en comparaciones. A pensar que tiene un marido que pese a sus importantes ocupaciones de trabajo la quiere y respeta su libertad, pero que últimamente la encuentra algo extraña. A lo que se suma la atención rutinaria que les presta a sus hijos.

Aquí, esta historia que al principio se podía considerar de rutina en esas esferas, irá cambiando de color, al verse envuelta en el misterio del miedo, que le dan un tinte de novela negra a la historia de adulterio de la señora Irene Wagner, lo que produce una madeja de consecuencias y aumento de temores. Lo que refleja ese espacio de  una clase concreta en la sociedad del primer cuarto del siglo pasado. Un relato escrito en 1913, publicado años más tarde, en 1920, que nos muestra la alta calidad literaria del autor de Carta de una desconocida.

Stefan Zweig, sitúa al lector en esta cuidada narración frente a Irene Wagner mujer de la alta burguesía y su aburrimiento social esclavo de sus propias circunstancias que la tientan a la necesidad de un cambio en su existencia que justifique la razón de ser en espacios más reales, la a entura de buscar lo diferente con valores satisfactorios, sin calcular las posibles consecuencias que pueden traer consigo. Y que de hecho se producen donde el miedo se anida cargado de suposiciones  que van creando el perfecto suspense que el narrador ha logrado con pericia y sencillez, por medio de ellos, la atormenta señora que teme el gran escándalo, se va conformando lo mejor de la narración, la intriga de lo que tiene y debe suceder que se guarda hasta el final de la historia. Perder todo ese bienestar del que puede disfrutar y que ahora la sitúa en contarlo todo y volver al “buen camino de su clase, su marido, los hijos,…’. Narración del desasosiego y los azares que la vida proporciona poniendo al riesgo un justo precio, que amenaza a la protagonista llevándola al filo del precipicio, con un final de la historia que ofrecerá sorpresas tanto a la protagonista e igualmente al lector. Todo debido a la magia creativa de un exquisito y fino Stefan Zweig.

FRANCISCO VÉLEZ NIETO
Publicado en Mundiario

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