viernes, 7 de septiembre de 2018

ÁNGEL OSCURO


Vino amor, a tomar mi hacienda
y dar término a la paz serena
que habita en mi indiferencia,
ya no latía mi pecho otra pena
sólo mi constante y antigua solera,
un viejo sable sobre la chimenea.

Enamorado del óxido, entumecido
e hijo predilecto del olvido...
soy la víctima de haberte conocido,
de aquel beso que tomé en sacrificio
y... aceptando de nuevo el martirio
torné de nuevo a tu insano arbitrio.

Fustigó con la saña de unas palabras
el costado siniestro que en mi pecho guardan
los últimos latidos que me quedaban
a pesar que, ni con amor rimaban,
pero sí lo hacían cuando la silenciaban
y llenaban su boca de deslenguada
con otra lengua que la añoraba.

Así dio utilidad y uso
a mis instintos, que confusos
ya no eran míos, si no que eran intrusos
en clase de un maestro que fue mi alumno
antes de ahogarse en sus ojos oscuros
en la profundidad de un sol, ahora nocturno
por los pecados de un ángel oscuro,
sé que soy yo... ya no lo dudo.

Luis Maria Saiz Laso

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