Antes de mirarme en los espejos
prefería tirar piedras sobre mi propio jardín
o compartir silencios y botellas de ginebra
con la pared.
Eran días de penumbra y miedo al sexo
de asombros y cuerpos de mujeres
de imaginar que la anestesia
cubriría los cielos y las pausas.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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