lunes, 5 de octubre de 2015

ELLA


Boca sellada, cristalizada, movimientos imposibles para la risa…
Muda. Su rostro le dobló la tarde en las comisuras de los labios, su arco inmóvil recreó el puente inflexible de un camino, sendero cuyas columnas de sustento se descalabraron absurdamente ante su impaciencia. Tenía las mandíbulas duras, la mirada fija y fría, los dedos torcidos e inflamados, parecían flamas intensas de abundantes bosques incendiarios; sin embargo, en sus pupilas, todavía, titilaba la luz de un “ser humano” , aunque no exactamente tradicional, en los términos asiduos a la genética del siglo XXI.
Algo extraño palpitaba dentro de “Ella” su silente silueta bailaba al vaivén de la brisa, era una hoja ingrávida, sin intención ni objetivo. “Ella”, lanzaba su propio cuerpo de un rincón a otro, como si este no tuviese peso alguno, lo tiraba sobre el sofá como si no le perteneciera…
Antaño, “Ella”, volaba sobre sus sueños con fresca lozanía,su voz melodiosa serenaba los ambientes ¡Oxígenaba al sol con la gruta narcótica de su piel!… Así fue “Ella” una vez ¡Un perfecto concierto misterioso! Una obra de arte, un modelo diseñado para volar ¿Qué pasó? ¿Cuándo se despedazó su grata esperanza? ¿Quién pudo, arrancarle la faz y dejarle como rostro, ese espectro hueco y abierto? ¿No es un delito desgarrar, de cuajo, la risa de una boca? ¿No es un crimen, la libertad sin expresión?
Temía tropezarse con la hoja en blanco, apenas su roce, incidiría en su escasa voluntad de volcarse a escribir como una loca… de pronto, se llenarían todos los espacios, entre acentos y palabras, sangre y dolor, sufrimiento callado, ese que de tan profundo, parece lejano, como si no fuese propio. Así escribiría… y entonces, ya no sería “Ella”
Se dejó correr… Su torpes dedos parecían recién hechos, construidos con tinta y laca. Aceitados y ligeros, iniciaron una labor de titanes, su voz, se quebraba al final de cada línea, conjugando la figura desdibujada de su elaborado alter ego, prueba sustancial de su carestía de luces y afectos. El reflejo de su imagen clamaba por su adiós ¡Le tocaba una personal despedida! ¿Por qué no?
 El dolor iba y venía, a ratos, se quedaba en sus dedos, transformando sus uñas en minúsculas piedrecitas blanquecinas del rojo al morado, del morado al azul, del azul al índigo.
Escribía, escribía y escribía hasta que la atrapó la noche. Sorprendida entre las sombras, el silencio le reventó la amargura en la garganta, la enfrentó con el mutismo de su agria presencia ¡Ser vívido de su única compañía! Sentía que se le pegaban las mandíbulas, masticaba el chicle de su pesadumbre con la noche pegada a la espalda, rumiaba las horas pero no se las tragaba, eran como muchas. ¡Tan solo escribir y escribir! Así se repetía a sí misma, una y otra vez, como si conversara con alguien, pero nadie había…
Pasaba el tiempo en negro, denso y lastimoso como un perro perdido.  Entrada la oscuridad divisó en la pared su sombra deforme y lejana ¡Cruel como una cruz de acero!
Míticos señuelos le inspiraron un poema, diminutos duendes le tendieron esta trampa. La noche se iba en lenta monotonía, llevándose de “Ella”, la última fragancia de aquella poesía.

Scarlet C 

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