domingo, 5 de julio de 2015

VÓMITOS DE HIENA


El vómito de hiena
corría por las calles
como cataratas
de cicuta empolvada,
fluyendo de plaza en plaza
en un camposanto de venas.
Un yermo de desesperado
de cerebros y almas.
Un cementerio terminal
de ángeles caídos
y querubines bastardos,
hijos de diosas ninfómanas
y demonios borrachos.
La corte de Dionisio
vestida con jubones
de papel de aluminio,
jeringuillas por cetro
y coronas de nariz empolvada.
Son los dueños de mirada muerta
y esclavos de una ama sádica.
Los portadores de un dolor
que solo con rozarte
te deja leproso el corazón
y retorcida el alma.
¡Tan grande es su dolor!
¡Tan lastimera la mirada!
Los perros abandonados
dejados a su suerte
en la ciudades por barrios,
si no molestan demasiado,
a la “Gente bien intencionada”
Intención de no complicarse.
Intención de no importar
Intención de no pensar.
Intención de no saber nada.
Restos de un negocio universal
creado en despachos de lujo
y yates que surcan los mares
sobre agua de muertes anunciadas.
Agonías peor que torturas,
esperando la muerte
como un descanso,
a sus días de horas angustiadas.
Dinero sucio y sangre derramada.
¡Que unidos están los muertos vivos
y las mujeres esclavizadas!

Mikel Trovas Rubio

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