El vómito de hiena
corría por las calles
como cataratas
de cicuta empolvada,
fluyendo de plaza en plaza
en un camposanto de venas.
Un yermo de desesperado
de cerebros y almas.
Un cementerio terminal
de ángeles caídos
y querubines bastardos,
hijos de diosas ninfómanas
y demonios borrachos.
La corte de Dionisio
vestida con jubones
de papel de aluminio,
jeringuillas por cetro
y coronas de nariz empolvada.
Son los dueños de mirada muerta
y esclavos de una ama sádica.
Los portadores de un dolor
que solo con rozarte
te deja leproso el corazón
y retorcida el alma.
¡Tan grande es su dolor!
¡Tan lastimera la mirada!
Los perros abandonados
dejados a su suerte
en la ciudades por barrios,
si no molestan demasiado,
a la “Gente bien intencionada”
Intención de no complicarse.
Intención de no importar
Intención de no pensar.
Intención de no saber nada.
Restos de un negocio universal
creado en despachos de lujo
y yates que surcan los mares
sobre agua de muertes anunciadas.
Agonías peor que torturas,
esperando la muerte
como un descanso,
a sus días de horas angustiadas.
Dinero sucio y sangre derramada.
¡Que unidos están los muertos vivos
y las mujeres esclavizadas!
Mikel Trovas Rubio
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